La adherencia terapéutica sigue siendo uno de los mayores desafíos de nuestro sistema sanitario. Cada año, miles de personas ven comprometida su salud por no poder mantener sus tratamientos de forma continuada. No se trata solo de un problema clínico: es un fenómeno social, emocional y estructural que requiere nuevas maneras de comprender, comunicar y acompañar. Ese fue precisamente el espíritu del encuentro que organizamos junto al Foro Español de Pacientes (FEP), un espacio de reflexión que buscó replantear cómo hablamos —y cómo actuamos— en torno a la adherencia.

Desde el inicio quedó clara una idea: la adherencia no puede abordarse únicamente desde la perspectiva del profesional sanitario. Tal como subrayó el secretario de Estado de Sanidad, Javier Padilla, durante la inauguración, mejorar la adherencia exige escuchar al paciente, comprender sus ritmos de vida, sus miedos, sus prioridades y las barreras reales que puede encontrarse. La adherencia es diversa, variable y profundamente humana. Y, por tanto, no admite soluciones simples.

Profesionales y pacientes: reconstruir la confianza

La primera mesa del encuentro reunió a expertos que coincidieron en un punto clave: la confianza es el punto de partida de la adherencia. Sin tiempo para construir esa relación, explicar bien las pautas y verificar que el paciente las comprende, cualquier tratamiento se tambalea.

Los ponentes profundizaron en la realidad de quienes conviven con enfermedades crónicas y gestionan tratamientos complejos casi siempre en su domicilio. A esta dificultad se suman duplicidades de indicaciones, temor a los efectos adversos o, simplemente, la pérdida del medicamento. Por eso, insistieron en la necesidad de formar al cuidador y acompañar también a quienes acompañan.

La farmacia comunitaria —y también la hospitalaria— fue señalada como un espacio clave para reforzar la adherencia: un lugar donde resolver dudas, detectar incoherencias y ayudar a simplificar pautas que a veces son excesivamente exigentes. La conclusión fue rotunda: la adherencia no es responsabilidad del paciente en solitario. Es un reto compartido por todos los agentes del sistema sanitario.

Comunicar mejor para cuidar mejor: el papel del lenguaje y la emoción

La segunda mesa, centrada en la comunicación socio-sanitaria, dejó otro mensaje: no basta con informar; hay que conectar. Los expertos subrayaron que el impacto de un mensaje sobre salud depende tanto del contenido como del tono, del vínculo emocional y de quién lo comunica.

La escucha activa se posicionó como una herramienta imprescindible: cuando un paciente se siente oído, se implica más en sus decisiones y en su tratamiento. Además, los participantes insistieron en que la comunicación sobre adherencia debe abandonar el tono impositivo y apostar por la empatía. No se trata de “dar lecciones”, sino de acompañar, emocionar y construir mensajes que sean accesibles y reconocibles para cualquier ciudadano.

Un punto especialmente relevante fue la necesidad de integrar la voz del paciente en el diseño de campañas. Ese paso —de “todo para el paciente” a “todo con el paciente”— sintetiza un cambio cultural profundo: pasar de hablar sobre la ciudadanía a hablar con ella.

La mesa también incidió en la importancia del lenguaje sencillo, práctico y cotidiano. La adherencia es un concepto técnico, pero su impacto se vive en lo más cotidiano: en una alarma que suena, en un pastillero, en una consulta de cinco minutos o en una duda sin resolver. Traducir ese concepto a términos claros es imprescindible para que cale de verdad. El encuentro concluyó con una visión de futuro compartida: es necesario impulsar una conversación y concienciación sobre adherencia, capaz de movilizar tanto al sistema sanitario como a la ciudadanía. Porque mejorar la adherencia no significa solo seguir un tratamiento, sino crear las condiciones para que las personas puedan hacerlo. Y eso implica escuchar, acompañar y construir soluciones con quienes más las necesitan.